lunes, 15 de junio de 2009

The Crab



Desde pequeño mis padres me llevaron al mar, valga decir, nací en una ciudad donde esta posibilidad era cuestión de minutos.

No diré que recuerdo mi primer encuentro con un cangrejo o una jaiba, aunque es probable que así sea.

Siempre he tenido una fascinación casi hipnótica por este crustáceo, que ahora, en palabras un poco más compuestas, podría definir como el animal terrícola más extraterrestre que jamás he visto.

Aún siento curiosidad por acudir a sus pequeños hoyos en la arena y suponer hasta dónde llegarán o la forma de interconexión que tendrán debajo de esa carpeta moldeable y suave, y me resulta por demás fascinante el hecho de verlos desaparecer tras una ola, dejando apenas un código en las breves burbujas que muestran su desaparición.

Hace un par de meses, mientras caminaba por la playa con mi padre, un cangrejo se atravesó -o yo me atravesé, o nos atravesamos- en el camino, salió de la arena más floja y alejada de la playa hasta detenerse justo frente a mi, en la que el mar había dado una consistencia más sólida y oscura.

Supuse que se alejaría junto con la primera ola que le diera la oportunidad, o aún más rápido, comenzaría introducirse en la arena ante la supuesta amenaza que le representaba.

Sus ojos completamente negros, pequeños, sostenidos por apenas dos alfileres casi transparentes, me observaban detenidamente. Supongamos que, mientras yo caminaba haciendo un ligero desvío en mi trayectoria, aquél giraba sobre su propio eje, quizá ante la imposibilidad de maniobrar un inexistente cuello, para continuar observándome.

Una vez quedé por delante de el en mi trayectoria y al sentirme observado casi clínicamente por un pequeño animal, me detuve y poco a poco flexioné mis rodillas hasta dejar mi mirada algunos centímetros por encima de la arena...

No recuerdo cuánto tiempo permanecimos ahí, mi padre continuó caminando y yo permanecí de cuclillas, jamás intenté acercarme un poco más, era la distancia perfecta para observarnos detenida y minuciosamente, a detalle, para quizá, no olvidarnos nunca.

No hay comentarios: